Hola, este libro escrito por Chrsitine Nöstlinger cuenta una historia tan increíble e interesante que una vez que lo empecé a leer no quería soltarlo para saber que iba a pasar.

La historia comienza muy divertida contando como inicia el día la señora Berty Bartolotti, una señora muy pero muy peculiar, que desayuna sentada en su mecedora, por lo que se llena de migas y manchas al mecerse mientras come y bebe, que se maquilla los ojos con sombras azules, se pinta la boca de color rojo rubí y que además cada vez que tiene que hacer algo se reprende a sí mísma diciendo por ejemplo: "Criatura, es hora de que te laves y te vistas como es debido". La señora Berty Bartolotti vive sola en un edificio de apartamentos y se dedicaba a tejer alfombras de nudo, las más "bellas y coloreadas alfombras de toda la ciudad". Dos veces por semana se trata con familiaridad con el Sr. Egon, que vendía en su farmacia polvos, supositorios y pomadas. Unas veces él la visita y otras veces ella lo visita, van al cine o al teatro, después a cenar, luego toman una copa o un café.

De vez en cuando suena el timbre en casa de la señora Bartolotti, unas veces es el cartero de los giros postales con el pago de sus alfombras, otras veces es el cartero de la entrega de paquetes postales, que trae alguno de los inumerables pedidos que ordena por correo la señora Bartolotti y que, hemos de decir, era una de sus manías:

"era aficionada a los cupones y a los boletines de pedido, le gustaban las ofertas rebajadas y las ofertas especiales más que nada en el mundo. Cuando en un periódico, o en un catálogo, o en una revista encontraba una tarjeta de pedido o cupón, lo arrancaba, lo rellenaba y lo enviaba. Era hasta tal punto aficionada a los boletines de pedido que nunca se paraba a pensar si el objeto le era útil".

Esta mañana de la que hablamos, la señora Bartolotti escuchó timbrar a su puerta de una manera desesperada justo cuando meditaba, después de desayunar, si se ponía a trabajar, se iba de compras o se metía de vuelta a la cama. Quien timbraba de esa manera era el cartero de los paquetes postales. El cartero de los paquetes postales respiraba con dificultad y se secaba el sudor de la frente.

-¡Condenado chisme!- dijo, señalando el enorme paquete envuelto en papel blanco-. Pesa por lo menos 20 kilos.

Y el hombre arrastró el paquete por el pasillo hasta la cocina, la señora Bartolotti firmó un recibo y dio al cartero una propina. El cartero dijo:

-Hasta otra vez.

Y la señora Bartolotti dijo:

-Hata luego y acompañó al cartero a la puerta.

Luego recogió su cigarro del cuarto de estar y fue a sentarse en una silla de la cocina frente al gran paquete blanco.

¿Qué había en ese enorme y pesado paquete? ¿un pedido de cupón que había olvidado? ¿lana para tejer sus alfombras? ¿un regalo del tío Alois? ¿que era lo que contenía ese paquete?

La señora Bartolotti tomó las tijeras de picar cebollines y cortó el cordón del paquete. Luego rasgó el papel y levantó latapa de grueso cartón que habñia debajo. dentro había virutas azul celeste, y entre las virutas un sobre azul en el que se podía leer: Para la señora Berti Bartolotti. Había sido escrito de modo simétrico, con una cinta nueva y en máquina eléctrica. El buen tio Alois no tenía máquina de escribir y, además, siempre escribía Berti con «th».

La señora Bartolotti abrió el sobre, sacó una hoja de papel doblada y leyó:

    • Distinguida señora Bartolotti,le adjunto la entrega solicitada. Sentimos mucho habernos retrasado tanto, pero,motivadas por una reorganización en nuestro sistema de producción, se presentaron inesperadas dificultades que hasta ahora no hemos podido solventar. En caso de que nuestra mercancía —cosa que no esperamos— ya no le sea de utilidad, puede usted volvérnosla por el mismo porte pagado a vuelta de correo; a cuyo efecto le hacemos observar que, por supuesto y por motivos de higiene, sólo podemos admitirla devolución de la lata siempre que esté cerrada.

Aún había una firma debajo, que decía «Hunbert» o «Honbert» o «Monbert». Y aún más abajo:

LA MERCANCÍA HA SALIDO DE NUESTRA FÁBRICA EN PERFECTO ESTADO

Y HA SIDO REVISADA VARIAS VECES.

La señora Bartolotti dejó la carta sobre la mesa de la cocina, se inclinó encima de la caja de cartón y empezó a escarbar entre. las virutas azul celeste. Percibió algo liso, duro y frío. Apartó las virutas y vio entonces una gran lata de conservas de brillo plateado. La lata era más o menos tan alta como un paraguas de caballero y tan voluminosa como el tronca de un haya de treinta años. La lata de conservas no tenía etiquetas; sólo había en ella un punto azul celeste, aproximadamente del tamaño de una moneda de diez chelines. Una de las tapas de la lata llevaba el rótulo ARRIBA y la otra, ABAJO. En el centro de la lata se leía: Documentos en la pared interior.

La señora Bartolotti no sabía que hacer:

—Criatura, déjalo, puede salirte mal —susurró una voz en su oído izquierdo.

—Criatura, abre de una vez esa extraña lata —susurró una voz en su oído derecho.

Pero como ambas eran su propia voz, la señora Bartolotti no las hizo caso. Además, era demasiado tarde. Ya había desprendido unos cinco centímetros de la cinta de chapa. La señora Bartolotti siguió tirando. Se oía un extraño ruido silbante. Cuando la señora Bartolotti acabó de desprender la cinta de chapa, la mitad superior de la lata quedó ladeada sobre la inferior y el silbido cesó. Se desprendía un olor a fenol y a hospital y había una fragancia de ozono y aire fresco.

—Así no huele el corned beef, de no ser un corned beef asqueroso —murmuró la señora Bartolotti al levantar la parte superior de la lata de conservas.

Resultó muy oportuno que la silla de la cocina se hallara exactamente detrás de ella, pues la señora Bartolotti se llevó un susto tremendo. Empezó a temblar desde la punta de los oxigenados cabellos hasta las uñas de los pies pintadas de verde claro, se sintió un poco mareada, se tambaleó y cayó pesadamente sobre la silla de la cocina. Aquéllo acurrucado dentro de la lata de conservas, dijo:

—Buenos días, querida madre —e hizo un cariñoso gesto de saludo con la cabeza.

¡¡¡En la lata había un niño!!! ¿te imaginas el asombro de la sra. Bartolotti? ¿quién ? ¿cómo? ¿dónde? ¿qué iba a hacer ella con un niño? ¿quién lo habìa encargado? ¿acaso ella y no lo recordaba?

¿Tu qué harías si recibieras un niño dentro de una lata que te envían por correo?

¿Qué hace la señora Bartolotti después de la enorme sorpresa? ¿Por qué esta vestida así? ¿Por qué tantos paquetes?

¿Qué opina el señor Egon de todo esto?

¿Y los vecinos de abajo, los Rusika? ¿Qué piensa Kitti?

Su profesora, la señorita Stainz ¿estaba feliz con un alumno como Konrad?

¿Y sus compañeros de clase?

¿Konrad es el niño más popualr y querido de la clase?

¿Qué llevaran Kitti y la señora Bartolotti en esa alofombra y por qué?

¿Y ese beso?

¿Hay un final feliz?

¿quieres saber que pasa?

Busca el libro en la bibliotk del colegio o

consulta esta liga para que lo leas desde tu computadora:

http://colegios.pereiraeduca.gov.co/instituciones/galeriadigital/Espanol/_Literatura/Doc_web/Libreria%20infantil1/sites/rincon/trabajos_ilce/konrad/sec_4.html

Cuéntame que pasa y si te gustó la historia.

Con cariño Miss Mary Jo.